CULTURA


Azerbaiyán - puente cultural entre el Oriente y Occidente

Bakú, 28 de marzo, AZERTAC

La seguridad y la igualdad de género convierten a Azerbaiyán en el ejemplo perfecto de una democracia musulmana moderna.

AZERTAC reporta que esta primavera miles de judíos de Israel y al menos otros tantos cristianos de Europa llegarán a Bakú, capital de Azerbaiyán, para pasar una semana celebrando la fiesta de la Pascua o las vacaciones de Pascua. El destino popular de este año es peculiar porque Azerbaiyán es un país musulmán predominantemente chiíta (Shiíta).

Con su orgullosa tradición de tolerancia y secularidad, Azerbaiyán alberga una pequeña pero enérgica comunidad judía y varias congregaciones cristianas más grandes. Todos han vivido codo con codo junto a sus vecinos musulmanes durante décadas. Cualquiera que se encuentre en las calles de Bakú estará encantado de contarle sobre la esencia cosmopolita de su amada ciudad, la multiculturalidad y el multiconfesionalismo que se remonta a siglos atrás.

La ubicación geográfica de Azerbaiyán en la encrucijada de la Gran Vía de la Seda lo ha convertido desde hace mucho tiempo en el lugar donde las culturas se encontraron y prosperaron juntas. Luego, a finales del siglo XIX, llegó el auge del petróleo, que atrajo a Azerbaiyán a inversores y trabajadores de todo el mundo para contribuir a desarrollar el nuevo recurso más preciado del mundo.

Un siglo después, sus descendientes son lo que define al Azerbaiyán moderno como uno de los lugares más diversos culturalmente de la Tierra.

La seguridad y la igualdad de género confirman aún más el lugar de Azerbaiyán como el brillante ejemplo de una democracia musulmana moderna. La baja tasa de criminalidad y la legendaria hospitalidad convierten a Bakú en una de las ciudades más seguras del mundo, donde una mujer joven puede volver a casa caminando por la noche sin riesgo ni temor. Las mujeres también gozan de una buena representación en la política, tanto en el poder ejecutivo a nivel ministerial como en el legislativo como miembros del Parlamento.

Las tradiciones políticas de Azerbaiyán tienen sus raíces en la República Democrática de Azerbaiyán de 1918-1920. Primera democracia del Este, la ADR consagró en la ley gran parte de lo que constituye la moderna Constitución de Azerbaiyán y, lo que es más importante, los derechos y libertades civiles de sus ciudadanos.

La República Democrática de Azerbaiyán fue una de las pioneras del sufragio universal en el mundo, otorgando a las mujeres plenos derechos de voto en 1918. Su legado cultural, como el primer teatro de ópera del mundo musulmán, se conserva con orgullo en el Azerbaiyán moderno.

Las décadas bajo el dominio soviético no han podido sofocar el fuerte sentido de identidad nacional de Azerbaiyán. Tras su independencia en 1991, Azerbaiyán ha vuelto a ocupar el lugar que le corresponde en la comunidad mundial. Los primeros años fueron difíciles, empañados por el conflicto con la vecina Armenia por la ocupación militar del territorio de Azerbaiyán.

A principios de la década de los noventa, los ciudadanos de Azerbaiyán se encontraron en la situación económica y política más grave tras el colapso del sistema soviético. La desintegración completa de casi todas las instituciones gubernamentales, la pobreza extrema y la agresión externa amenazaban la existencia misma de la floreciente nación.

Las profundas reformas políticas y económicas condujeron a rápidas mejoras de la productividad y la gobernanza. Nuevas inversiones de capital y tecnología llegaron a Azerbaiyán. El PIB per cápita se ha multiplicado por seis.

Los azerbaiyanos se sienten mucho más seguros políticamente y sus enormes oportunidades económicas les permiten comprometerse con el mundo como un socio igualitario y respetado. La alfabetización y el acceso a los servicios de salud son universales. La burocracia se ha reducido considerablemente con la introducción de los Centros de Servicios ASAN.

Estas agencias estatales "todo en uno" transformaron prácticamente de la noche a la mañana muchos servicios del gobierno, haciéndolos rápidos y accesibles. En 2015, los Centros de Servicios de ASAN recibieron el prestigioso Premio de las Naciones Unidas a la Administración Pública. Azerbaiyán, un país seguro, asequible y hospitalario, se ha convertido en un destino turístico popular y en un lugar atractivo para invertir y realizar negocios.

Hoy Azerbaiyán lleva con orgullo el manto del gran puente entre Oriente y Occidente, el proverbial cruce de culturas, confesiones e ideas. Casi tres millones de turistas visitaron Azerbaiyán y su espléndida capital, Bakú, el año pasado.

Es igualmente atractivo para los visitantes de las naciones cristianas europeas y de las naciones musulmanas del Golfo Pérsico, Irán y Turquía. Casi nadie permanece indiferente ante la majestuosidad de Icheri Sheher, la Ciudad Vieja, ni se pierde un viaje a los famosos volcanes de tierra, famosos en todo el mundo por sus propiedades rejuvenecedoras. Pero no son sólo los monumentos históricos conservados con amor los que atraen a los visitantes.

El horizonte repleto de rascacielos de Bakú, sus maravillas arquitectónicas diseñadas por algunos de los más grandes creadores de nuestro tiempo, como la galardonada obra maestra Heydar Aliyev Center de Zaha Hadid, combinan los orígenes históricos de Azerbaiyán con su juventud y su afán de superación hacia el futuro. Y además existe la legendaria y auténtica cocina azerbaiyana, una mezcla única de influencias sabrosas que se convirtió en una metáfora adecuada para el propio país con su fascinante diversidad cultural.

La gran división Este-Oeste que una vez definió la civilización humana lentamente está dando paso a una nueva era de cooperación e integración. A pesar de los fuertes obstáculos, las ventajas de la globalización siguen ofreciendo grandes incentivos para establecer vínculos más estrechos y asociaciones comerciales aún más sólidas.

Mientras el mundo occidental busca mejores modelos para dar nueva vida a su paradigma mundial, encontrará un socio fiable y honesto en Azerbaiyán, donde estos modelos ya son una realidad.

Al mismo tiempo, mientras las naciones del Este buscan establecerse como socios estratégicos iguales al "viejo" Occidente, no necesitan mirar más allá de Azerbaiyán como el ejemplo perfecto del puente histórico que une los confines de la Tierra.

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