SOCIEDAD


Cada año, el día 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua por resolución de la ONU

Bakú, 22 de marzo, AZERTAC

En las últimas cuatro décadas el uso del agua creció en todo el mundo el uno por ciento y su demanda aumentará en igual proporción hasta 2050, para un incremento de hasta un 30 por ciento más de cuanto se utiliza actualmente.

Crear conciencia y promover acciones sobre el uso adecuado de ese vital recurso motivó la creación del Día Mundial del Agua, celebración que se realiza cada 22 de marzo desde 1993, tras el acuerdo un año antes de la Conferencia de ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo realizada en Río de Janeiro, Brasil.

En este 2020, como ocurre desde hace varios años, para la fecha se hará público el Informe Mundial sobre Desarrollo de los Recursos Hídricos (WWDR, por sus siglas en inglés) que en esta ocasión tendrá como eje temático 'El agua y el cambio climático'.

En el marco del Decenio 'Agua para el Desarrollo Sostenible' (2018-2028) se realiza esta celebración, dirigida a reafirmar la importancia de las medidas hídricas y de saneamiento para la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental.

En particular su realización se enfoca en llamar la atención sobre los dos mil 200 millones de personas que viven sin acceso a agua potable y a adoptar acciones para enfrentar la crisis mundial del preciado líquido, medidas sustentadas en el espíritu del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6: agua y saneamiento para todos en 2030.

Este año la campaña está dirigida a mostrar cómo su uso eficiente puede contribuir a reducir las inundaciones, las sequías, la escasez, la contaminación y a combatir el cambio climático.

La adaptación a las variables climáticas, según los expertos de ONU, contribuye a proteger la salud y a salvar vidas; de igual modo un uso más eficiente del líquido ayuda también a reducir los gases de efecto invernadero.

Poner el tema el agua en el centro de los planes de acción sin más dilación porque 'no podemos seguir esperando'; la búsqueda de soluciones de agua y saneamiento sostenibles, asequibles y escalables, que contribuyan a combatir el cambio climático, son líneas claves de mensajes para la celebración del 22 de marzo.

De igual modo se insiste en que todas las personas tienen un rol esencial en ese esfuerzo, con fáciles y muy diversas acciones en la vida diaria que puede adoptar para enfrentar el cambio climático.

En lo que a la agricultura corresponde

La agricultura representa el 69 por ciento de las extracciones mundiales de agua, cerca del 80 por ciento de las tierras agrícolas del planeta son de secano y producen el 60 por ciento de los alimentos.

En condiciones de crecientes carencias, ser el sector que más agua consume y a su vez el que mayor cantidad de alimentos produce, representan para la agricultura importantes retos que serán aún mayores con el progresivo crecimiento poblacional y la responsabilidad de alimentar a nueve mil millones de personas en 2050.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con sede en esta capital, destaca que producir un 60 por ciento de alimentos adicionales para responder a ese aumento poblacional, exigirá al sector un uso del agua más eficiente, equitativo y respetuoso con el medio ambiente.

Se trata de producir más alimentos con menos agua; crear resiliencia en las comunidades agrícolas para hacer frente a inundaciones y sequías y aplicar tecnologías de agua potable que protejan el entorno.

En noviembre de 2019, en un Simposio Internacional sobre el uso de aguas no convencionales para lograr la seguridad alimentaria, realizado en Madrid, expertos evaluaron temas como la reutilización de aguas residuales, el uso de agua desalinizada y agua de lluvia, la recolección de niebla y la siembra de nubes, entre otras novedosas iniciativas.

En ese encuentro, René Castro, director general adjunto del Departamento de Clima, Biodiversidad, Tierras y Aguas de la FAO, señaló cuánto era preciso hacer en el aprovechamiento de ese recurso.

Relacionó el hecho de que en el mundo más del 80 por ciento de las aguas residuales (más del 95 por ciento en algunos países en desarrollo) se libera al medio ambiente sin tratamiento, lo cual la convierte en inadecuada para varios usos debido a su mala calidad.

De igual modo, la subdirectora general de la FAO para Clima y Recursos Naturales, Maria Helena Semedo, al clausurar el primer Foro Internacional sobre la Escasez de Agua en la Agricultura, con sede en Cabo Verde, destacó cómo el cambio climático y el crecimiento demográfico ejercen cada vez mayor presión sobre los recursos hídricos.

Alertó sobre los numerosos retos relacionados con el agua que obstaculizan los esfuerzos mundiales de desarrollo, en especial en los países con falta apreciable de ese recurso y donde miles de millones de personas luchan por sobrevivir.

La agricultura es el sector más afectado en períodos de sequía, lo cual provoca pérdidas de cosechas y reducción de la producción, fenómenos que dañan más a los agricultores y a la población rural, sobre todo a los pequeños campesinos, quienes gestionan más del 80 por ciento de las explotaciones agrícolas del mundo, en parcelas de menos de dos hectáreas.

La experta argumentó además que la escasez de agua, las sequías, el aumento del nivel del mar, la desertificación y la pérdida de ecosistemas contribuyen a una aumento del estrés social que también provoca la migración forzada.

En términos de medidas que ayuden a paliar ese problema Semedo mencionó la necesidad de encontrar fuentes innovadoras de agua, incluyendo el reciclaje de aguas residuales y la recolección de agua de lluvia, así como el aumento de la eficiencia hídrica, en particular en los sectores agrícolas.

La FAO consagra esfuerzos a favor de medidas como la selección de especies resistentes a la sequía y la salinidad, la gestión sostenible del suelo y la captación de agua, innovaciones que pueden contribuir a apoyar a los agricultores, en especial a los pequeños campesinos.

En términos de riego ese ente de ONU promueve soluciones de gestión del agua agrícola fácilmente asequibles que incrementan los ingresos rurales y la seguridad alimentaria; apoya modelos de intensificación limpios y eficientes en el uso de recursos, elevando la productividad del agua para usos domésticos, industriales y agrícolas.

También orienta esfuerzos hacia mejores prácticas en materia de gobernanza de las aguas subterráneas como forma de lograr una gestión sostenible de esos recursos.

La labor de la FAO se distingue en la promoción de políticas pro-activas de gestión de riesgos de sequías e inundaciones; creación de capacidades en materia de alerta temprana e información periódica sobre las amenazas; así como apoyar un mayor almacenamiento de agua para amortiguar la variabilidad y el cambio climático.

Busca con todo ello crear conciencia sobre la relación cada vez mayor entre alimentos- energía- pobreza- medio ambiente- cambio climático y de cómo el agua es un elemento clave en todos ellos.

El informe WWDR de 2019, centrado en el tema 'No dejar a nadie atrás' sostuvo, que 'la agricultura representa el sector económico que más agua consume, el 69 por ciento de cuanto se extrae a nivel mundial, y así seguirá siéndolo en las próximas décadas'.

El documento señaló tres paradojas para 'entender mejor la pobreza rural y el agua' y destacó que 'los pequeños agricultores familiares constituyen la espina dorsal de los suministros nacionales de alimentos, y es precisamente 'en las zonas rurales donde prevalece la pobreza, el hambre y la inseguridad alimentaria'.

Globalmente, indicó el texto, se han realizado inversiones por miles de millones de dólares en el establecimiento de infraestructura hídrica en zonas rurales, en gran parte para el desarrollo del riego y para la producción de energía.

Sin embargo, esas inversiones se realizaron en las áreas más productivas, en tanto la mayoría de los pobres rurales no fueron beneficiados y sufren la imposibilidad de acceder a ese recurso para fines agrícolas, de consumo y domésticos.

Mencionó como tercera paradoja que los pequeños agricultores 'tienden a no ser quienes reciben atención como parte de los esfuerzos en curso para formalizar la asignación de derechos de uso del agua, ni a través de la asignación de subsidios públicos para el establecimiento y explotación de infraestructura de riego'.

Para erradicar el hambre en 2030, las agencias de la ONU calculan que se necesitarán inversiones adicionales en agricultura por valor de 265 mil millones de dólares anuales a nivel mundial, de los que casi 200 mil millones deberían destinarse a sistemas productivos para los más pobres, incluidos los ligados al agua. Prensa Latina.

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