CULTURA


Escuela del Mugam de Karabaj

Bakú, 15 de marzo, AZERTAC

El mugam (mugham) de Azerbaiyán fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial por su precioso valor para la humanidad. En Azerbaiyán, el mugam es vivenciado como una parte inseparable del sistema fundamental de los valores culturales del pueblo azerbaiyano. Ésta declaración fue recibida como un reconocimiento al mérito de los artistas de ese género y como un deseo de atraer la atención de la sociedad cultural mundial hacia este original patrimonio.

La historia del mugam data de varios siglos. Alcanzó su mayor esplendor, su florecimiento, en el período que los especialistas denominaron como el Renacimiento Oriental informa AZERTAC alegándose a 1905.az. Esa fue la época en la cual en base a la herencia greco-romana, la cultura azerbaiyana en sus distintas esferas que abarcaban desde la literatura hasta la arquitectura, pudo crear obras de arte que ingresaron en el fondo de oro de la cultura mundial. En el período posterior de la historia, el desarrollo del mugam no cambió su esencia ni significado. El mugam hasta los días de hoy se conserva como una especie de culto de un micromundo, siendo por un lado una herencia del pasado y por el otro un arte contemporáneo máximo. Las exigencias de los cánones para su interpretación armónicamente se conjugan con la posibilidad de la improvisación y desarrollo artístico del tema.

La original cultura de los mugams, se formó sobre una rica base filosófica, musical y literaria. El intérprete del mugam, es percibido frecuentemente por el oyente, como el portador de una síntesis musical arcaica y mágica que debe ser trasmitida de una generación a otra, regalándole a la gente la posibilidad de acercarse a la verdad eterna y adquirir la paz espiritual. La fuente creadora de la percepción contemporánea de esta herencia cultural de siglos pasados, es un misterio entre los misterios.

Ningún libro de importancia académica puede trasmitir los matices vivos de este arte. Como elegidos e iluminados en el misterio del mugam, sus intérpretes en cada actuación tienen la capacidad para representar la música y poesía pletóricas de vida de este árbol eternamente verde.

El mugam representa una síntesis del arte. Se basa en la poesía azerbaiyana clásica, cargada de profundos alegorismos y símbolos. Utiliza el lenguaje metafórico y se conjuga con un sentido místico. El contexto de cada estrofa poética y su sentido verdadero es descubierto únicamente por aquellos conocedores que dominan bien la filosofía oriental, pero el lenguaje de los símbolos y alegorías ayudan a todos a descifrar el misterio del sentido de las frases.

Desde la infancia, todos los intérpretes del mugam adquieren esa fascinación por la forma de la composición de los poemas, la que es ampliamente utilizada en la redacción de las gazales (género literario lírico) y más apropiada para las exigencias de los mugam. Ningún intérprete del mugam puede decir con exactitud la cantidad de gazales de distintos poetas que conoce de memoria, pero cuando resulta necesario trasmitir un tema, surgen en la memoria las frases adecuadas.

El mugam fue y sigue siendo la fuente inagotable para la inspiración de los compositores azerbaiyanos. Creado sobre la base de modelos clásicos, los mugams sinfónicos se interpretan con gran éxito por orquestas de muchos países tanto de Occidente como de Oriente. No obstante, haberse creado sobre la base de los modelos clásicos, contiene un espacio verdaderamente ilimitado que lo convierte en una fuente inagotable para la búsqueda de nuevas inspiraciones artísticas e interpretaciones de compositores contemporáneos. Los buenos conocedores del mugam, pueden reconocerlo en distintas piezas que a primera vista parecieran alejadas de la cita directa del mugam.

En Azerbaiyán son ampliamente difundidos como mugams, no solo las interpretaciones de solistas, sino también los mugams instrumentales. La composición del conjunto de instrumentistas que interpretan el mugam, puede ser variado, pero como regla es mucho más numeroso que aquel que se designa para acompañamiento. Sin embargo, a pesar de toda la variedad y riqueza de los mugams instrumentales, el mugam interpretado por un solista resulta ser superior. Porque justamente en la interpretación realizada por un solista, el oyente puede captar el sufismo místico de “travesía al astral”, que consiste según la opinión de aquellos que aprecian en verdad el mugam, la esencia de este tipo de meditación musical.

A los cantantes que interpretan el mugam en la tradición azerbaiyana se los denomina janandes. El canto del janande generalmente es acompañado por un conjunto de músicos. La composición de este grupo de músicos, que tocan con instrumentos nacionales, suele ser diverso: trío (intérpretes del tar, de la kamancha y del daf ) e incluso pueden llegar a formar una orquesta.

En Azerbaiyán existen varias escuelas reconocidas de intérpretes del mugam. A pesar de que este género musical se difundió en todas las regiones del país, los centros principales del arte del mugam donde se crearon escuelas independientes se encuentran en Bakú, Shamají, Ganyá, Najicheván y Shushá.

Las primeras grabaciones de los mugams azerbaiyanos comenzaron a realizarse en el año 1902. Los pioneros de las grabaciones musicales de los mugams azerbaiyanos, fueron las empresas inglesas “Grammophone”, la alemana “Sport-record” y la francesa “Pate-record”. A partir del año 1913, estas compañías abrieron sus representaciones comerciales permanentes en Riga, Moscú, Varsovia, San Petersburgo, Kiev, Tblisi y Bakú. Además de esas empresas, también realizaron grabaciones las compañías musicales de Rusia, tales como: “Concertrecord”, “Monarj-record”, “Extraphon”, “Grammophone-record” y la compañia vienesa “Premier-record”. Una serie de grabaciones fue emitida en la época de la Unión Soviética por las fábricas “Aprélevskaia” y “Nogina”.

La mayoría de esas grabaciones se conservan en el Archivo Estatal de Grabaciones de Azerbaiyán. Parte de ellas también se guardan en el Museo Estatal de la Cultura de Azerbaiyán y una serie de grabaciones antiguas de mugams azerbaiyanos en el Archivo de Grabaciones de la Bibilioteca Británica y en algunos otros archivos. En Azerbaiyán se realizó una ardua tarea para reestablecer estas antiguas grabaciones. En particular las realizadas en discos del comienzo del siglo XX fueron restauradas y convertidas a formato digital. En esa época, estas grabaciones no se editaban en cantidad, sino como ejemplares únicos no destinados a la distribución.

Los sucesos políticos originados como consecuencia de la primera guerra mundial, la caída del imperio ruso y el surgimiento de la Unión Soviética, provocaron una gran crisis en el género del mugam. Para la ideología soviética, el mugam era un arte que había cumplido su ciclo y era ajeno al proletariado. Incluso el tar – instrumento principal en la interpretación musical del mugam- no escapaba a los ataques. El mugam fue empujado prácticamente al nivel de clandestinidad. Posteriormente el mugam logró reinsertarse en la cultura oficial. Las primeras grabaciones en los estudios de grabación de alto nivel de los maestros del arte de la escuela de Karabaj en el período soviético, datan de los años 30-50. Se trata de los discos con las voces grabadas de Jan Shushinski, Zulfi Adigozalov, Said Shushinski, Abulfat Aliev, Mutalím Mutalímov, Iagub Mammadov, Islam Rezáev, Arif Babáev, Murshud Mammadov, Gadir Rustamov y Suleiman Abduláev.

Hubo un tercer grupo de intérpretes que obtuvo el reconocimiento a fines del siglo XX, representado por las grabaciones de los janandes: Vahid Abduláev, Sajavat Mammadov, Zahid Gulíev, Garajan Behbudov, Mansum Ibrahimov, Sabir Abduláev y Feiruz Mammadov. Se dice que los pueblos deben prepararse durante siglos a la espera del nacimiento del talento sublime. Al momento de sus nacimientos, deben estar preparadas las canciones de cuna para ser escuchadas por estos, cuentos que les enseñen a diferenciar el bien del mal y cantos que los inicien en el conocimiento de la herencia musical de sus antepasados. Se evidencia que – si el pueblo y el medio ambiente que rodean al gran talento no están preparados para recibirlo, éste puede hasta el final de su vida no solo no realizarse, sino que además ser innecesario. Desde ese punto de vista, el destino fue favorable con los cantantes – janandes de Karabaj, ellos nacieron exactamente en el lugar y en el momento en los cuales el medio ambiente que los rodeaba, estaba preparado para recibir a tan sublimes talentos.

El mismo hecho del nacimiento de esos talentos en Karabaj, determinó ciertamente su destino en mucho. Ellos nacieron precisamente en el lugar, donde cantaban prácticamente todos, donde sabían muy bien apreciar el valor de las voces maravillosas y los talentos de la música. Cada nativo de Karabaj, independientemente de haber nacido en la zona montañosa o en el llano de Karabaj, en Shushá o en Agdam, no actuaba simplemente como conocedor del mugam y podía, si se daba la ocasión, cantar cualquier melodía popular también se integraba con los verdaderos admiradores de ese género, que formaban alrededor de los maestros del mugam un culto de especial admiración.

Dicen, que el mugam forma y construye el alma de la persona. En Karabaj ese era un proceso correlativo: aquí la misma naturaleza formaba las almas que eran sumamente sensibles hacia todo lo bello, incluyendo la música. Desarrollando la cultura musical de su pueblo, los representantes de las escuelas de mugam de Karabaj nuevamente influyeron en el pensamiento de sus compatriotas. La belleza, armonía y tranquilidad atrayente de la naturaleza de esos lugares, se reflejaban como en un espejo en la cultura musical, durante largos años cultivada por todos los intérpretes del mugam de Karabaj.

La mayoría de los cantantes-janandes de Karabaj, nacieron en Shushá. Los cantos sobre Shushá, como modelo de inaccesible fortaleza de esta ciudadela moral y santidad cultural de todo el pueblo azerbaiyano, van a sonar en forma permanente como una pieza del arte de Azerbaiyán.

La historia de Shushá era conocida por cada habitante de esa ciudad, no solamente a través de distintos anales de Karabaj. Para ellos todas esas “Narraciones sobre Karabaj” –“Karabajnamalar” – no eran tomadas como un infolio manuscrito. Significaban una parte inseparable de la vida de hoy y del pasado. Muchos episodios de la historia son relatados y continuamente trasmitidos oralmente de generación en generación, conservando el menor de los detalles de los acontecimientos históricos y reflejando cada pormenor de la historia verdadera de esos lugares. “Karabajnamalar” era la historia vivida cotidianamente en los monumentos arquitectónicos, en aquellas manifestaciones donde se encontraba la verdadera historia del pasado, del presente y en forma armónica lograban complementarse. La historia y la naturaleza de esos lugares, fueron los que inspiraron el nacimiento de uno de los temas fundamentales de la escuela del mugam de Karabaj “Karabaj shikastasi” el que era y sigue siendo la singular carta de presentación de los cantantes de Karabaj.

Shushá le dio al mundo una gran cantidad de músicos, muchos de los cuales tomaron el seudónimo “Shushinski” (nativo de Shushá) en total conformidad con la famosa frase del poeta ruso Esenin “Si no es un poeta, significa que no es de Shiraz y si no es cantante, no es de Shushá”.

Shushá le regaló al mundo tal cantidad de cantantes extraordinarios, intérpretes, compositores e investigadores de música, que ellos podrían componer una enciclopedia especial de la interpretación de la maestría de su arte.

Shushá por derecho siempre era considerada como el Conservatorio Musical de Oriente. De todas partes llegaban los amantes de la música para escuchar a los célebres cantantes o estudiar canto. No solamente por sus músicos se glorificaba esta ciudad, muchos factores naturales únicos – en conjunción con la actividad de personas concretas- debieron fundirse en unidad para dar lugar al nacimiento de este fenómeno cuyo nombre es Shushá. Cuántas personas extraordinarias de las más diversas profesiones debieron aparecer en el mundo precisamente en esta ciudad, a fin de que – con los instrumentos artesanales hechos por ellos, en las extraordinarias salas construidas también por ellos mismos y los bellos versos de su autoría – dieran comienzo a la formación de una música no conocida anteriormente. La atmósfera de esta ciudad, fue descripta por Alejandro Dumas en su libro sobre el viaje por el Cáucaso. En éste se refiere en forma brillante sobre la personalidad de la regente de Karabaj – la poeta Natavan.

Las limpias y cristalinas fuentes le producían tal fama a esos lugares, que una de las más famosas de esas fuentes – Isa bulag (Fuente de Isa), era aceptada por muchos como un símbolo de Shushá. Las montañas que parecen dirigidas directamente al cielo rodean aquí a la extraordinariamente bella planicie y la convierten en una sala de interpretación musical a cielo abierto de inigualable acústica. Esta planicie encuadrada en un anillo de montañas – “Jidir Duzu” presenció y escuchó a muchos cantantes glorificados. También los inquietos niños de Shushá, no perdían oportunidad para hacer travesuras con este fenómeno de la naturaleza. Las sonoras voces infantiles que recién alcanzaban las formas del canto del mugam, diariamente se extendían a través de los distintos pasos entre montañas confundiéndose en un sonoro eco proveniente de las mismas y se fundían al unísono. Tal singular polifonía, repetida con frecuencia y reforzada por el eco, el murmullo de los manantiales, el susurro de los árboles y del coro del canto de los pájaros, podía ser creada solamente por la fantasía infantil.

En el año 1987 se realizó aquí el festival internacional del mugam “Jari bulbul”. Fue denominado de esa forma en honor a la singular flor que nace en estas montañas. ¡Que constelación de jóvenes talentos surgieron en ese festival! La ocupación de la ciudad de Shushá por los agresores armenios en el año 1992 convirtió a cada una de esas estrellas nacientes del arte del mugam en refugiados.

Hoy, justamente en los campos para refugiados, los artistas laureados de ese festival con nostalgia y tristeza les trasmiten a ustedes que, luego de los negros días del destierro, ellos no cantan. Dicen que “Nosotros somos habitantes de regiones montañosas, no podemos vivir y cantar en el llano. Nuestras almas se quedaron allá, en Shushá. ¿Sin los arroyos de las montañas y los manantiales, sin el aire cristalino de las cumbres montañosas, sin el intercambio de los llamados de los pájaros entre sí sobre los montes de Jidir Duzu (región occidental de Shushá) como podemos cantar? No queda más que estremecerse al tomar conciencia de la propia impotencia y profundidad de la forma de percepción del mundo que tienen esas almas y corazones que conservan la inocencia del niño.

De acuerdo a reglas tácitas, las reuniones musicales de Shushá se subdividían en varias clases. El primer lugar se consideraba aquellas majlis de Shushá a las que eran invitados los músicos de la más alta categoría y en las que se contaba con la presencia de conocedores. En las mismas se apreciaba en especial, que el cantante interpretara versos aún no oídos, independientemente de si los encontró en manuscritos antiguos o si fueron escritos por poetas contemporáneos, las exigencias eran altas únicamente con relación a la calidad de los versos. En estas majlis no se acostumbraba interpretar melodías bailables, el mugam se interpretaba con todos los matices y pases, no sonando nunca melodías bailables.

En las majlis segundo rango, se suponía que se invitaba a los cantantes que no eran considerados como los mejores. Aquí también generalmente se interpretaban los mugams, pero luego de dos horas de interpretación de los mismos, se permitía cantar alguna canción popular o bailar a algunas personas.

La tercera clase de majlis representaba a la gente que quería divertirse – las llamadas majlis festivas, donde no cabía la música de contenido serio y se interpretaba mayormente música alegre. Los cantantes – janandes que se respetaban a sí mismos, como regla general no concurrían a las mismas. A menudo también los casamientos recordaban las majlis de esa categoría. En éstas se interpretaban fundamentalmente canciones melódicas rápidas y se invitaba especialmente a bailarines.

Esa reglamentación tácita de la clasificación de las majlis y concretamente la alta exigencia a las de primera categoría, permitió a los músicos durante largos años conservar el singular nivel de interpretación. Con ese nivel, también se correspondían los oyentes. Esa reunión de verdaderos conocedores del mugam, posibilitó el perfeccionamiento y el desarrollo de ese género musical y a pesar de sus cánones en lugar de enfriarse, pudo conservar viva la forma del arte nacional.

Shushá obtuvo su gloria justamente con las majlis de primera categoría, que le otorgaron la fama de Conservatorio irrepetible del Oriente. No en vano en el léxico del pueblo azerbaiyano se adoptó el refrán que dice: “En Shushá los niños lloran con el mugam “Seigah” y ríen con el tema del mugam “Shahnaz”.

El escritor Abdurrahim Hagverdiev señalaba que: “en la segunda mitad del siglo XIX, si Ud., se encontraba en cualquier lugar con músicos, ya sea en Bakú, Shamají, Ashgabad, Tehran o Estambul, sin falta entre ellos encontraría a músicos de Shushá. Ellos determinaban una moda musical original en todo el Oriente y en Shushá convergían cantantes de todas partes, deseosos de recibir la calificación de su voz y maestría. Al transcurrir los años, ya siendo famosos los janandes, ellos citaban lo dicho sobre sus voces Mujtar, Jabbar Gariagdioglu u otra reconocida autoridad del mundo del mugam azerbaiyano. El primer bum petrolero en Azerbaiyán ejerció influencia también en el desarrollo del arte del mugam. Las presentaciones de “Vostochnie Vechera” (Noches Orientales), organizadas por los mecenas industriales petroleros de Bakú, tuvieron gran éxito. Las primeras de ellas se realizaron en el teatro de Shushá. Las actuaciones de los representantes de la Escuela del Mugam de Karabaj en las presentaciones de las “Noches Orientales” en otras ciudades, en especial en Bakú, se convirtieron en brillantes eventos de la vida musical de esos años. Precisamente con las “Noches Orientales”, comenzó la época de la transformación de las reuniones musicales tradicionales que apasionaban a los verdaderos amantes del mugam, convirtiéndolas en un estilo de conciertos de mugam que reunía a todos los que deseaban incorporarse a este arte.

A lo largo de todo el siglo XX la Escuela del Mugam de Karabaj, le entregó al mundo musical muchos nuevos y brillantes músicos. El conflicto de NagornoKarabaj destruyó la formada sucesión en la preparación de los janandes. Dicen que, las musas callan, cuando hablan los cañones. Los cantantes-janandes de Karabaj no callan, ellos cantan. Pero en sus cantos hoy se escucha su dolor, su desgracia y sufrimiento. Tal como en su momento cantaba el grandioso Jabbar Gariagdioglu -Si incluso estoy en el paraíso, éste no es tal sin Karabaj.”

El mundo se globaliza. En este mundo en el cual el proceso de globalización transcurre con una rapidez fantástica suceden diversos cambios. El desplazamiento humano a gran escala, la posibilidad de transferencia de comunicación instantánea, la nueva tecnología que cambia la imagen mundial, todo eso ocurre en una escenario de crecientes amenazas terroristas y cataclismos naturales. En un mundo expuesto a tan fuertes influencias, el hombre se asemeja a un granito de arena. Ni la filosofía del globalismo, ni la contraria al mismo, le devolverán al hombre la armonía que perdió, al igual que los argumentos sobre el enfrentamiento o equilibrio entre las civilizaciones. Y es justamente en ésta época, en la que todos unidos debemos formular una base para nuestro futuro desarrollo el que se encuentre estrechamente unido al paradigma de la tradición. Solamente con la fuerza de la tradición, a través de la conservación del arquetipo arcaico de cada civilización y cultura de cada pueblo, podemos arribar a la diversidad de culturas en un mundo en el que será posible conservar y aumentar las tradiciones. Estas son las finalidades de la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial como garantía de la creatividad permanente.

 

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