SOCIEDAD


Se derrite el iceberg más grande del mundo

Bakú, 20 de abril, AZERTAC

En julio de 2017, una gigantesca masa de hielo de 5.800 kilómetros cuadrados y 22 metros de espesor se desprendió de la plataforma de hielo Larsen C en la Antártida. El iceberg permaneció prácticamente inmóvil durante dos años, pero luego chocó con una poderosa corriente que lo desplazó hacia el noreste.

Originalmente designado como A-68, posteriormente formó tres témpanos más pequeños, el mayor de los cuales fue rebautizado como A-68a. En 2020, el macizo se alejó finalmente de la plataforma de hielo y entró en el océano abierto.

En el otoño de ese año, atrajo una mayor atención al acercarse a la isla Georgia del Sur, con el riesgo de quedar varado y bloquear el acceso vital al océano para las poblaciones de pingüinos y focas de la isla.

Sin embargo, no se produjo ninguna catástrofe ecológica. El A-68a se desvió de su rumbo en la isla y siguió dividiéndose en trozos más pequeños. Las últimas imágenes de satélite mostraron que uno de los mayores icebergs en la historia de las observaciones casi ha desaparecido, informa AZERTAC citando a nat-geo.ru.

El Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos informó de que el macizo de hielo se rompió en innumerables fragmentos pequeños, el mayor de los cuales es un iceberg con una superficie de unos 11 kilómetros cuadrados. Se interrumpirá la observación del objeto, ya que el centro está rastreando icebergs con una superficie no inferior a 68,5 kilómetros cuadrados.

El glaciólogo Adrian Luckman, de la Universidad de Swansea, señala que el iceberg ha durado mucho tiempo, dado su grosor. "Si piensas en la relación entre su superficie y su grosor, imagina cuatro hojas de papel A4 apiladas una encima de otra", dijo Luckman.

Según Christopher Schumann, de la Universidad de Maryland, las observaciones de este iceberg, que se ha convertido en una estrella de las redes sociales, podrían decir mucho a los investigadores sobre cómo se forman y se rompen los icebergs que se desprenden de las plataformas de hielo.

"Al disponer de nuevos sensores con más posibilidades de observar la evolución de las fallas, estoy seguro de que se obtuvieron conocimientos útiles que no se podían haber visto una década antes. Eso es un verdadero retorno de la inversión en la observación de la Tierra", puntualizó Schumann.

 

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