POLÍTICA


Edición alemana: "Europa debe precaver a Armenia contra la idea misma de revanchismo"

Berlín, 12 de diciembre, AZERTAC

En la edición alemana de "theeuropean.de" se publicó un artículo sobre la nueva política europea en el conflicto de Nagorno-Karabaj.

El artículo critica la posición de Francia en el conflicto de Nagorno Karabaj, que se evalúa como una amenaza para la solución a largo plazo del conflicto, informa AZERTAC.

El autor del artículo Herman Mchedeli pide que se elabore una estrategia europea común para restablecer la integridad territorial de Azerbaiyán y, al mismo tiempo, la restauración económica de Armenia. La idea de la independencia del Nagorno Karabaj se evalúa como privada de fundamentos históricos y morales.

Según el autor, la estabilización de la situación política interna de Armenia tras la conclusión de un acuerdo trilateral de cesación del fuego con Azerbaiyán aumenta las posibilidades de que el país se acerque a Europa. Esto se debe a la percepción de la sociedad armenia de que el país fue "abandonado" durante la guerra. Además, hay pocas personas que quisieran que el clan de Karabaj, que había dejado el país hundido en la corrupción y la pobreza durante 20 años, volviera al poder, según el artículo.

El 25 de noviembre, el Senado de Francia aprobó una resolución no obligatoria en la que se instaba al Gobierno de Francia a reconocer a la denominada "República de Nagorno-Karabaj". Una semana después, la Asamblea Nacional del país votó por la misma resolución. La política de Francia sólo tiene en cuenta los sentimientos de la comunidad armenia del país, pero no el derecho internacional. El conflicto despertó en muchos europeos imágenes asociativas que sólo encajan en el esquema superficial de confrontación entre "cristianismo e islam", "víctima y agresor", "democracia y totalitarismo". Los europeos han llegado a una conclusión que es la regla y no la excepción en el contexto político: "El enemigo de mi enemigo es mi amigo" o "El amigo de mi enemigo es mi enemigo".

Sin embargo, si observamos la situación más de cerca, surge un cuadro mucho más complicado, que pone todo en su lugar y priva a las ambiciones territoriales armenias de cualquier justificación.

Después de todo, en primer lugar, la región nunca ha sido parte de un estado armenio en el sentido moderno de la palabra. Las referencias en Armenia a las antiguas crónicas de Estrabón, Plutarco o Plinio el Viejo, según las cuales Nagorno-Karabaj formaba temporalmente la periferia del llamado Gran Imperio Armenio, están todas fuera del ámbito del sentido común.

En segundo lugar, el conflicto no es religioso, sino principalmente un conflicto estatal en el que se disputan las fronteras. Cabe recordar aquí que a principios del decenio de 1990, la población armenia de la región georgiana de Abjasia apoyó a los separatistas locales contra el gobierno central. Los falsos cruzados de los batallones armenios junto con los militantes de origen nortecaucásico estuvieron entonces fuertemente involucrados en masacres y limpieza étnica contra los georgianos ortodoxos, recuerda el autor.

Por su parte, el conflicto en Nagorno-Karabaj, entonces territorio autónomo del Azerbaiyán soviético, comenzó en 1988 con la demanda de la población armenia de anexionarlo a Armenia. Como resultado de la guerra subsiguiente, el ejército armenio logró ocupar no sólo el territorio de la región, sino también siete distritos adyacentes, en los que los azerbaiyanos eran mayoría absoluta. Al menos un millón de azerbaiyanos fueron desplazados de Armenia y del interior de Azerbaiyán. A pesar de las resoluciones adoptadas por las Naciones Unidas y los acuerdos del Grupo de Minsk de la OSCE, no se ha devuelto ni una pulgada de estos territorios a Azerbaiyán, ni un solo refugiado ha podido regresar.

Estos territorios se asemejan a la ciudad japonesa de Hiroshima después del bombardeo atómico y a las escenas de una película apocalíptica. Las imágenes muestran pueblos fantasmas con casas en ruinas, deterioradas y cubiertas de vegetación. Numerosos monumentos culturales de la región tampoco han escapado al vandalismo y la destrucción.

En este momento histórico tras el acuerdo de alto el fuego, la primera tarea de la UE es impedir la idea misma de la venganza de los viejos políticos corruptos de Armenia y la remilitarización del país con la ayuda del patrón del norte del país. De este modo, la UE puede ayudar al gobierno armenio en funciones con las reformas económicas y el establecimiento de instituciones legales.

En tercer lugar, Europa debe buscar una solución duradera al conflicto de Nagorno-Karabaj. Su asistencia financiera a Armenia debería condicionarse a un acuerdo de paz definitivo con Azerbaiyán. A cambio de garantías de seguridad para la población armenia de la parte azerbaiyana, Armenia debería renunciar a sus reivindicaciones para la región, escribe el autor. Una señal de esto sería la demarcación de fronteras según el modelo de los acuerdos de los estados europeos antes de su adhesión a la UE.

A diferencia de la Armenia monoétnica, el Azerbaiyán moderno es un Estado secular multiétnico y multiconfesional. La ausencia de antisemitismo en el país es lo que ha llevado a una productiva cooperación militar con Israel. Europa debe alzar la voz en este conflicto y persuadir a Armenia de que abandone el revanchismo y adopte la cooperación económica, resume Mchedeli sus conclusiones.

 

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