Reza Deghati, testigo del Enero Negro
Bakú, 19 de enero, AZERTAC
Gracias a las fotografías y vídeos captados por el reconocido fotoperiodista Reza Deghati, y su amigo, un videógrafo de origen turco y ciudadano francés, la masacre planificada perpetrada por el gobierno soviético contra la población civil en Bakú el 20 de enero de 1990 dejó de ser un secreto. El mundo conoció así los hechos del Enero Negro, una sangrienta tragedia cometida contra civiles.
En un momento en que la población de Azerbaiyán había sido desarmada, se había interrumpido la emisión de la televisión —principal fuente de información— y se había prohibido la entrada de periodistas extranjeros en Bakú, Reza Deghati, al enterarse de la masacre del 20 de enero, emprendió viaje desde París hacia Bakú superando enormes dificultades. Dado que no existían vuelos directos desde la capital francesa, obtuvo un visado junto con sus colegas bajo el pretexto de filmar un ballet y se dirigió a Moscú. En el hotel Rossiya, varios representantes de medios extranjeros también intentaban preparar informaciones sobre los acontecimientos ocurridos en Bakú.
En declaraciones a AZERTAC, el célebre fotoperiodista recordó: “En aquel momento, un representante estatal en Moscú informó a los periodistas de que al día siguiente los llevarían a Bakú. Sin embargo, resultaba poco creíble que el gobierno soviético trasladara a periodistas precisamente cuando estaba perpetrando una masacre. Informé de ello a la representación de Azerbaiyán en Moscú, que compartía plenamente mi opinión”.
Posteriormente, se difundió la noticia de que el avión que debía transportar a los periodistas no pudo aterrizar en Bakú y fue desviado al aeropuerto de Ereván. Allí, varias mujeres armenias gritaron frases como: “Venimos de Bakú, los azerbaiyanos nos están masacrando”. Los periodistas presentes en el aeropuerto creyeron esta versión y presentaron los sucesos del 20 de Enero no como una tragedia del pueblo azerbaiyano, sino como una tragedia armenia.
Ante la prohibición de entrada de periodistas, Reza Deghati, junto con Shirin Malikova y su amigo videógrafo, logró viajar a Bakú con la ayuda de conocidos azerbaiyanos. Se ocultaron en un tren y recorrieron el trayecto durante 48 horas. Durante el viaje, lo primero que hizo Reza fue aprender algunas frases en ruso, como “Ya po russki ne znayu” (“No sé ruso”) y “Ya azerbaycanets” (“Soy azerbaiyano”), ya que a los azerbaiyanos que no hablaban ruso no se les interrogaba tanto. No obstante, si alguien hubiera revisado sus documentos, eso habría significado el final. Por ello, ofrecían botellas de vodka a los inspectores para evitar los controles.
Al llegar finalmente a Bakú, Reza Deghati comparó la escena que presenció con un episodio sacado de una película sobre la Segunda Guerra Mundial.
Así recuerda aquel día:“Cuando, tras 48 horas de viaje, el tren entró en la estación de Bakú al anochecer, media hora antes del toque de queda, vimos a soldados soviéticos armados, con gorros y largos abrigos, alineados en el andén. Hacía frío y me sentí como si estuviera dentro de una película sobre la Segunda Guerra Mundial. Parecía que nada había cambiado”.
En el momento de la llegada del tren, faltaba poco para el inicio del toque de queda y numerosos soldados soviéticos controlaban a todas las personas en la estación. Con la ayuda de dos mujeres que los esperaban con flores y que se presentaron como las prometidas de Reza Deghati y de su amigo, lograron salir de la estación sin ser inspeccionados. Una de aquellas mujeres era Eleonora Huseynova, quien más tarde sería embajadora de la República de Azerbaiyán en Francia y representante permanente del país ante la UNESCO.
El 24 de enero, amigos suyos —entre ellos el diplomático azerbaiyano que trabajaba en la UNESCO, Ramiz Abutalibov— lo recibieron en Bakú y le informaron sobre cómo los soldados soviéticos disparaban contra manifestantes pacíficos, cómo los tanques aplastaban automóviles y civiles, y cómo personas desarmadas —niños, mujeres y ancianos— eran asesinadas sin distinción.
En una ciudad rodeada por tanques y patrullas soviéticas, donde incluso caminar por la calle era peligroso, Reza Deghati arriesgó su vida para documentar en secreto la tragedia. Visitó hospitales y morgues, y tomó fotografías desde distintos ángulos, desde el interior de vehículos y a través de ventanas de edificios.
“Bakú estaba sitiada por tanques y patrullas militares. Fotografiar abiertamente lo que veíamos era extremadamente arriesgado. Teníamos que actuar con cautela y encontrar la manera de ocultar la cámara al tomar fotos desde automóviles o ventanas”, explicó.
Al llegar al parque de la ciudad, convertido en un cementerio donde fueron enterrados los mártires del Enero Sangriento, con tumbas cubiertas de claveles rojos y ropa negra, Reza se vistió como el resto de la gente para no despertar sospechas y ocultó el equipo de filmación con la ayuda de los presentes.
“Lo primero que recuerdo es solo rojo y negro”, afirma Reza.
Cuando un helicóptero militar sobrevoló el cementerio para dispersar a la multitud, Reza ya había logrado captar aquellas imágenes marcadas por el “rojo y negro”. Por razones de seguridad, regresó a Moscú sin su cámara ni su equipo, que recuperó posteriormente con la ayuda de amigos antes de viajar a París.
La misma noche de su llegada a París, más de 18 canales de televisión difundieron las fotografías de Reza y los vídeos grabados por su amigo, informando sobre los acontecimientos de Bakú. Decenas de emisoras de radio transmitieron noticias sobre la tragedia del 20 de Enero. Además, la agencia fotográfica Sipa Press, donde Reza trabajaba entonces, envió esas imágenes a más de 20.000 medios de comunicación en todo el mundo. Gracias a las fotografías y vídeos captados por Reza Deghati y su equipo, la memoria sangrienta del Enero Negro no solo no se olvida, sino que el mundo entero conoce esta atrocidad cometida contra la población civil.
Asimismo, el libro de Reza Deghati “La masacre de los inocentes” (Massacre of the Innocents), publicado en 2014 en inglés y francés, constituye la única obra de gran alcance publicada a nivel mundial que aborda el Enero Negro. El libro incluye fotografías tomadas por el fotoperiodista durante la tragedia del 20 de enero de 1990 y el genocidio cometido en Joyalí el 26 de febrero de 1992, así como imágenes que reflejan actividades realizadas en distintos países para dar a conocer esta historia sangrienta, y escenas de la vida de familias de refugiados y desplazados internos.