Venezuela en el centro de la lucha geopolítica - ANALISIS
Bakú, 6 de enero, AZERTAC
En los últimos días, los principales titulares de la prensa mundial se han centrado en la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mediante una operación especial y su posterior procesamiento judicial en Nueva York. Aunque Nicolás Maduro está siendo juzgado por cargos de narcotráfico y apoyo al terrorismo, la esencia del asunto está relacionada con factores completamente distintos. Es posible que Maduro y algunos de sus generales hayan prestado cierto apoyo a narcotraficantes con fines de enriquecimiento personal, recibiendo a cambio grandes sumas de dinero. Sin embargo, tanto antes como después de la detención de Maduro, las declaraciones de funcionarios estadounidenses permiten afirmar que el arresto del presidente venezolano no está vinculado al narcotráfico, sino a la lucha geopolítica.
AZERTAC informa que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró que ni Rusia ni China pueden intervenir en este asunto y que Estados Unidos no tolerará la creación de bases de sus rivales en su vecindad. Esta declaración pone de manifiesto el carácter político de la detención.
Los acontecimientos que hoy se desarrollan en torno a Venezuela tienen sus raíces en el año 2006. Hugo Chávez, de orientación socialista y que llegó al poder mediante movilizaciones masivas, inició sin fundamento alguno una política de confrontación con Estados Unidos y el mundo occidental. El nuevo presidente de Venezuela, país que posee el 20 % de las reservas mundiales de petróleo, confiscó los activos de grandes compañías petroleras estadounidenses como “Chevron” y “ExxonMobil”, expulsándolas del país. No conforme con ello, se apropió de los fondos en sus cuentas bancarias y de sus bienes, y nacionalizó la industria petrolera del país. Con ello comenzó el colapso del sector petrolero, que pasó a ser un monopolio estatal. En respuesta, Estados Unidos impuso sanciones a Venezuela y la aisló del mercado mundial.
La debilidad en la gestión, la falta de inversiones, la corrupción y otros factores negativos redujeron prácticamente a cero la producción y exportación de petróleo en Venezuela. Los oleoductos de la empresa estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A.) llevan más de 50 años en funcionamiento, y alrededor del 50 % del petróleo transportado se pierde.
La directora del centro de investigación de una plataforma global de corretaje, Kathleen Brooks, señaló que la modernización del sector petrolero venezolano, el inicio de la producción mediante nuevas tecnologías y el desarrollo de nuevos pozos requieren mucho tiempo y grandes recursos financieros, y que estos trabajos podrían prolongarse hasta 2030. Las sanciones impuestas por Estados Unidos y la ruptura de relaciones llevaron a que Venezuela quedara bajo la tutela de los rivales geopolíticos de Washington, Rusia y China, que, por supuesto, anteponen sus propios intereses.
Tras la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro no solo no llevó a cabo reformas, sino que tampoco fue capaz de gobernar el país. Vendiendo petróleo barato a China y utilizando los ingresos obtenidos para comprar armas a Rusia, Maduro responsabilizó a Estados Unidos del grave deterioro de la economía venezolana.
Pese a todas las advertencias, e incluso a una conversación telefónica con Donald Trump, Maduro no modificó su rumbo político. Esto obligó a Estados Unidos a adoptar medidas drásticas, y el resultado es evidente. Independientemente de la decisión que adopte el tribunal sobre Maduro, Estados Unidos ha logrado una victoria geopolítica: en primer lugar, ha obtenido la posibilidad de aumentar la presión política sobre Rusia, sacando el petróleo venezolano al mercado mundial y reduciendo drásticamente los precios, privando así a Moscú de ingresos. De este modo, las exigencias de Washington en relación con el conflicto en Ucrania serán aceptadas.
En segundo lugar, la economía china ya no podrá abastecerse de petróleo venezolano adquirido a precios irrisorios, y Estados Unidos ha demostrado una vez más al mundo que el derecho internacional y las convenciones y tratados similares existen solo sobre el papel, mientras que en la política real el fuerte siempre tiene la razón. En la lista de los próximos objetivos figuran Cuba, Irán y Groenlandia.
El tiempo dirá cómo actuará Estados Unidos con estos países.