Kelaghayí, el pañuelo de seda que resguarda siglos de historia en Azerbaiyán
Bakú, 27 de noviembre, AZERTAC
El kelaghayí es un pañuelo cuadrado tejido con hilo de seda y destinado a las mujeres en Azerbaiyán. En la región occidental del país también se le conoce como “chargat”. Además de simbolizar belleza, modestia, dignidad, respeto y fidelidad, este tocado de cabeza femenino encierra la antigua historia, cultura y tradiciones del país de llama eterna-Azerbaiyán.
La producción de kelaghayí es conocida en Azerbaiyán desde tiempos remotos. En ciudades como Tabriz, Ganja, Shamakhi, Shaki y Najchiván se elaboraban kelaghayí de gran calidad. Aunque este tipo de pañuelo se fabricaba en muchas regiones, su producción se concentró especialmente en el asentamiento de Basqal, en el distrito de Ismayilli, situado 165 km al noroeste de Bakú, así como en la ciudad de Shaki, ubicada en la misma dirección, pero a 320 km de distancia.
El motivo por el que el kelaghayí se tejía sobre todo en estas zonas y alcanzaba tan alta calidad se relaciona directamente con la seda de Shaki. Las investigaciones revelan que la historia de la sericultura en Shaki se remonta a épocas anteriores a nuestra era. Durante muchos años Shaki fue el centro de la producción de seda en Azerbaiyán y en toda el Cáucaso. En el siglo XIX, la fábrica de hilado de seda más grande del mundo operaba precisamente en Shaki. Su seda no solo era apreciada en Azerbaiyán, sino también en los países de Oriente, Europa y Rusia. Incluso durante el reinado del zar Nicolás II, se añadía seda de Shaki a los billetes de 500 rublos para evitar que se deterioraran o arrugaran. En la exposición internacional de Londres de 1862, la seda de Shaki fue galardonada con una medalla. La empresa francesa Saint-Étienne, de Lyon, era una de sus compradoras habituales. No es casualidad que a principios del siglo XIX Shaki fuera llamada “la Lyon del Cáucaso” por sus éxitos en la producción de seda.
Las prendas, bordados y tocados elaborados con seda de Shaki también eran muy valorados. Por esta razón, la población dedicada a la fabricación del kelaghayí obtenía la seda principalmente en Shaki, mientras que la creación del pañuelo se realizaba en Basqal. Así, aunque ambas regiones se encontraban a cierta distancia, estaban unidas por “hilos de seda”.
En las fuentes medievales árabes, nos referimos como ejemplo al autor del siglo X, Al Mugaddasi, fue descrita la ciudad de Barda donde se elaboraban las telas de seda, cortinas, pañuelos y las venden en el conocido mercado “Al-Kurki” (4). La belleza de los pañuelos de Shamakhi y Barda fue destacada también por el viajero italiano del siglo XIII, Marco Polo. El viajero inglés del siglo XVI, Anthony Dzikson, comentaba que de Astrakhan a Azerbaiyán traían a la venta una seda extraordinaria . Adam Olearius, a comienzos del siglo XVII, describiendo el mercado de Shamakhi, destaca las extraordinarias telas de papel, seda, brocado que se puede comprar por buen precio. El viajero turco, EvliaChelebí, admiraba las sedas únicas de Sheki, la belleza de la seda elaborada en Tabriz y la fineza de mundialmente reconocidas telas de Ganja. Se sabe que, en 1870, el kelaghayí de Basqal fue galardonado con una medalla de plata en una exposición de artes celebrada en Londres.
El proceso de fabricación del kelaghayí, con siglos de historia, es complejo e involucra a varios artesanos: el tejedor , que elabora el pañuelo; el tintorero, que lo tiñe; el grabador, que aplica los motivos con moldes; y el diseñador ornamental. Este pañuelo único, de unos 125 gramos y capaz de pasar por un anillo, requiere dos días para teñirse y decorarse; y aunque se trata de un tocado femenino, tradicionalmente eran los hombres quienes lo fabricaban, ya que el trabajo con tintes hervidos y moldes exigía gran esfuerzo físico.
El tintorero desempeña un papel central en el proceso, pues teñir los pañuelos en las cubas requiere un gran esfuerzo, habilidad y sensibilidad. Los kelaghayís, generalmente de colores blanco, negro, amarillo o verde, y de dimensiones 150×150 cm o 160×160 cm, se tiñen con plantas como sumac, agracejo, naranja amarga, manzana silvestre, azafrán, grosella negra, entre otras.
Los motivos del kelaghayí se aplican utilizando moldes de madera o metal. El borde y a veces el centro se decoran con motivos geométricos o vegetales mediante la técnica de estampado. Estos patrones poseen significados profundos y han permanecido invariables durante siglos. Entre ellos predominan los motivos de buta, uno de los elementos decorativos más extendidos en el arte ornamental azerbaiyano, considerado por algunos investigadores como un diseño originario de la época del zoroastrismo.
Cada región se distingue por los ornamentos de sus bordes. En los kelaghayís de Shaki y Basqal se utilizan principalmente los diferentes diseños de buta, así como “Shah buta”, “Saya buta” y “Xırda buta”. Antiguamente, modelos como “Heyratı”, “Soghanı”, “İstiotu”, “Albuxarı”, “Abi”, “Yelani” gozaron de gran popularidad entre los pueblos del Cáucaso y Oriente Próximo.
Una de las características del kelaghayí es que proporciona tanto calor como frescor. Al ser un tejido de seda extremadamente fino y suave, cuida la piel y la protege de diversas bacterias.
El kelaghayí sigue utilizándose hoy en día como parte de la vestimenta en Azerbaiyán. Las mujeres lo llevan de distintas formas y colores según la edad. Las mujeres mayores lo anudan como prenda de cabeza, mientras que las jóvenes lo usan como pañuelo suelto. En los funerales se lleva negro; en las bodas, de colores vivos y con motivos. En general, las mujeres mayores prefieren kelaghayís grandes y oscuros, mientras que las jóvenes utilizan modelos más pequeños, blancos o de colores.
En el pasado, el kelaghayí no solo celebraba la belleza femenina, sino que también representaba la base de un nuevo hogar. Cuando una joven regalaba su kelaghayí a un muchacho, simbolizaba un juramento de fidelidad eterna. Tras obtener el consentimiento de la familia de la novia, una mujer del lado del novio entregaba el anillo de compromiso envuelto en un kelaghayí rojo. Antes de la boda, durante la ceremonia de henna se cubría a la novia con un kelaghayí rojo y se le aplicaba henna en manos y pies. Asimismo, durante la boda se colocaban kelaghayí en el cuello del novio y de sus acompañantes, así como en el espejo del coche nupcial. El regalo más valioso en las bandejas que traían las mujeres invitadas solía ser un kelaghayí, costumbre que aún se mantiene en algunas regiones.
En ocasiones, cuando un miembro de la familia fallecía, se cubría su cuerpo con un kelaghayí negro, incluso antes del entierro. Esto demuestra que el kelaghayí acompaña a los azerbaiyanos a lo largo de toda la vida. Este pañuelo también simboliza la paz: si una mujer arrojaba su kelaghayí al suelo durante un conflicto, quienes estaban discutiendo detenían inmediatamente la disputa.
Como se observa, el respeto hacia el kelaghayí es tan profundo como el respeto hacia la mujer. Aunque no se utilice a diario, suele guardarse en el lugar más preciado del hogar, y puede encontrarse incluso en las casas de los azerbaiyanos que residen en el extranjero, pues es un elemento que preserva las tradiciones familiares.
El 26 de noviembre de 2014, en una sesión del Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, el arte del kelaghayí de Azerbaiyán fue inscrito en la Lista Representativa bajo el nombre “Simbolismo y arte tradicional del kelaghayí”.