De la Alhambra a Shirvanshah: el puente artístico entre Azerbaiyán y España - ENTREVISTA con Nani Boronat
Bakú, 26 de mayo, AZERTAC
AZERTAC vuelve a conversar con el artista y escultor español Nani Boronat, quien reside y trabaja en Múnich. Ha expuesto en prestigiosas galerías y museos de España, Portugal, Alemania, Países Bajos, Estados Unidos y Suiza. Ha sido finalista en concursos internacionales de pintura y ha participado en la restauración de murales en diversas iglesias españolas.
Desde 2022, Nani Boronat, junto con la pianista azerbaiyana Ulviyya Abdullayeva, lleva a cabo el singular proyecto «De la Alhambra a Shirvanshah». El artista es un apasionado del estudio de la cultura azerbaiyana, en particular de las alfombras tradicionales.
- ¿De dónde surgió el interés por las alfombras azerbaiyanas?
-Llevaba dos años desarrollando un proyecto al que titulé Centinelas, siguiendo una linea de trabajo de carácter antropológico y artístico en torno a la figura del guerrero homérico: de la naturaleza de su armamento así como su carácter protector y custodio. Me centré en el objeto “escudo” como precedente a la obra de arte contemporánea. De cómo esta superficie plana que cada guerrero fabricaba para su fortaleza y protección, en los días de paz se convertía en un valioso objeto decorativo en las estancias de su hogar. Miguel de Cervantes, en las primeras páginas de su novela Don Quijote de la Mancha hace referencia a las antiguas armas medievales almacenadas en el olvido, en una época en la que no eran necesarias y a las que su protagonista dará una responsabilidad simbólica a lo largo de la novela.
Entonces conocí a Ulviyya, y poco a poco fui apasionándome por la cultura de su país. Comprendí, que, al igual que había sucedido anteriormente con el objeto-escudo, la tradición de esa región para mí tan lejana ponía a mi disposición a un nuevo protagonista con un rico contenido histórico, artístico, antropológico y místico: la alfombra. Así fue como el objeto “alfombra” supuso un nuevo punto de partida en el desarrollo ininterrumpido de mi obra artística. Me llamó especialmente la atención todo un lenguaje rico en símbolos, formas y colores, sometidos a unos patrones de abstracción geométrica que era digno de analizar. Por un lado, veía planos de arquitecturas y jardines “a vista de pájaro”, pero también se relacionaba con mis juegos de infancia contemplando un mundo abstracto de duplicados y simetrías infinitas a través de un juguete tan popular como el caleidoscopio.

-¿Cómo fue el proceso? ¿Qué materiales estudió y con quién se comunicó?
-Insisto en que tras mi encuentro con Ulviyya la cultura azerbaiyana fue cobrando cada vez más interés en mi búsqueda estética; así, cuando asistí por primera vez a un concierto de Ulviyya en la Casa de Azerbaiyán en nuestra ciudad, Múnich, su director Sattar Kerimov me regaló tres libros relacionados con la cultura del país. Uno de ellos era un catálogo de la escuela de alfombras Shirvan group que durante mucho tiempo me acompaño en la mochila. Otro era un catálogo con fotografías y textos en inglés de la ciudad de Bakú. Aquellas fotografías me descubrían rincones y monumentos de una ciudad que perfectamente podía ser española. Entre los monumentos fotografiados había uno que por forma y por entorno me recordaba al palacio de la Alhambra en Granada. Sin ser yo consciente, lo que se estaba produciendo en mi interior era el inicio de una nueva aventura estética. El proyecto Centinelas se había bloqueado por falta de ideas y motivación y en ese instante comenzó a experimentar una mutación. De este modo nació un nuevo capítulo al que titulé “De la Alhambra a Shirvanshah”.

Durante un año me dedique a estudiar a fondo estos libros, con especial atención al de las alfombras de Shirvan. En junio del 2025 acompañé a Ulviyya en la que fue mi primera visita a Azerbaiyán con el fin de nutrirnos de material para nuestro proyecto. Ulviyya y yo ha habíamos definido nuestras respectivas parcelas dentro del proyecto: ella desarrollaría su parte dedicada a la tradición musical, mientras que yo trabajaría en el contenido plástico y ornamental.
En este primer viaje tuvimos la suerte de contactar con dos personas que me ofrecieron un valioso material: El guía cultural y experto en la cultura azerí, Fuad Akhundov, que nos ofreció un intenso recorrido por la ciudad durante tres horas que fueron una lección de historia, de tradición, mística y antropología. Por otro lado, Asmer Babayeva nos abrió las puertas a la tienda representativa de Azerkhalcha, en Icherisheher; obsequiándonos, además, con una invitación como espectadores al Festival de Mugham que tenía lugar en aquellos días en el Palacio de Heydar Aliyev.
Quiero destacar que aquel encuentro directo con la tradición de mugham supuso en mí una especie de iluminación mística que dio evidencia de la cercanía indiscutible entre mi cultura y la de Ulviyya. Fui consciente de que los seis mil kilómetros geográficos que nos separan se eliminan cuando uno cierra los ojos y escucha esos cantos cargados de sensibilidad y misticismo en hermandad con el flamenco de mi país. Comprendí que estábamos ante un proyecto muy serio que exigía por nuestra parte mucha responsabilidad, ya que, el Mugham y del Flamenco son palabras mayores.

-¿Qué es lo que más le sorprende de las alfombras azerbaiyanas?
-En un primer instante, como he dicho, todo ese cosmos formado por símbolos geométricos que aparentemente parecen simples; que, conforme uno los estudia descubre un corpus muy complejo de abstracciones elaboradas a lo largo de siglos. Por otra parte, valoro todo el contenido antropológico, místico, teológico y mágico que encierra cada alfombra.
Me sorprende el protagonismo y el desarrollo que ha tenido un objeto como la alfombra, que tiene la misma antigüedad y origen que aquellos primeros vestidos que, primero con pieles y luego con textiles, elaboraban los primeros homínidos. Me pregunto cómo estos objetos tan cotidianos han llegado a desarrollarse de forma tan maravillosa como valiosas joyas del arte universal.

-¿Al estudiar los ornamentos, la técnica de elaboración, la gama de colores, etc: ha notado alguna similitud con las artes aplicadas de España?
-Existe en España una escuela tradicional de lo que denominamos “tapices”. Los tapices son obras de arte realizadas con técnica, materiales e instrumentación similares a los de las alfombras; con la diferencia de estar compuestos para ser contemplados en vertical, sobre los muros de nuestros palacios. Se trata del mismo objeto con finalidades distintas. La alfombra es una metáfora del suelo que vivimos y sus composiciones se diseñan para se observadas desde cualquier punto. A diferencia del tapiz, que no deja de ser un cuadro tradicional, con su linea de horizonte, con un “arriba” y un “abajo”; donde se representan escenas cortesanas y naturalistas que decoran los muros de los palacios. Además, los tapices nunca van a ser pisados, por lo que se fabricaban con materiales delicados y lujosos, como la seda; frente a la dureza de la lana y el algodón. Digamos que se trata del mismo objeto pero con dos naturalezas distintas: la alfombra, (horizontal) de los pueblos nómadas, frente al tapiz (vertical) de las sociedades sedentarias.
El uso de los pigmentos más básicos extraídos del entorno natural son muy similares a los que los artistas han venido usando en la península Ibérica a lo largo de los siglos. Los óxidos de hierro, rojo y anaranjado, extraídos del suelo, que en España llamamos albero y que se pueden ver en la arena en las plazas de toros, eran la base que usaban los guerreros y caballeros medievales para decorar sus escudos y los muros de los castillos. En definitiva las gamas cromáticas son muy cercanas en sendas tradiciones.
No olvido que provengo de una tradición de Al-Andalus, marcada por ocho siglos de influencia del Califato de Damasco, donde todo el estilo artístico que en España hemos llamado mudejar tiene los mismos fundamentos formales al que se nos presenta en el oriente medio. Esto lo veo en la ornamentación a base de lacerías que se repite fundamentalmente en la arquitectura.

-¿Cuál fue el resultado de su investigación?
-Más que un proyecto puntual, con inicio, desarrollo y final, Ulviyya y yo lo afrontamos como una aventura vital. Centrándonos en la concepción de un puente cultural cuyos extremos son la península ibérica y las costas del mar Caspio; donde el palacio de la Alhambra en Granada y el Shirvanshah en Bakú son los Centinelas.
Sé, que puede sonar tópico, pero es la verdad: sabemos que éste es el gran proyecto artístico de nuestra vida. Algo para lo que, sin saberlo y antes incluso de conocernos, de modo instintivo hemos estado trabajando por separado en nuestras respectivas carreras; intuyendo que esta aventura sucedería.

En esta especie de inventario cultural planteamos dos miradas que tratamos de unificar: una musical en la que Ulviyya confecciona un amplio repertorio de composiciones tanto clásicas como folclóricas, en el ámbito del jazz y del flamenco, desde tradición clásica hasta la contemporánea. Mientras que por otro lado yo me ocupo del material expositivo.
Ulviyya desarrolla la parte sonora y yo la visual. Pero lo fundamental es que no queremos que sea una exposición ambientada con música, ni tampoco un concierto decorado. El espectador-auditor debería percibir nuestra presentación como un todo.
Lo más importante es que el proyecto está vivo y ha llegado a un momento en el que empieza a tomar cuerpo. Aunque siempre habrán obras nuevas que incorporar; ya sean de música, pintura, escultura, o de material audiovisual. Contamos también con una persona de prestigio deportivo y cultural en Granada que ha aceptado ser nuestra embajadora en dicha ciudad. Y pronto tendremos un contenido suficiente para elaborar un disco-catálogo; aunque para ello debemos empezar ya a reclamar la colaboración de sponsors e instituciones.